La cosa nunca acaba de funcionar cuando Anna y Magnus, recién separados, se reúnen con sus tres hijos en la aldea rural donde viven con la madre. Asistimos al paso de las cuatro estaciones en esa relación que se desintegra, escenas de un (ex)matrimonio que se afanan en capturar momentos cotidianos, como si de esa forma quedaran a salvo del olvido en un hipotético álbum familiar.

