Hablar de vivienda no es solo hablar de edificios, metros cuadrados o precios. Es hablar de posibilidades (o imposibilidades), de imaginar un futuro. Para muchas personas jóvenes, el hogar ha dejado de ser un punto de llegada estable y se ha convertido en algo provisional, frágil, siempre a punto de desaparecer. Cuando la vivienda se vuelve inaccesible, el hogar deja de ser refugio y pasa a ser una negociación constante: con el mercado, los alquileres, con unas reglas que no siempre se comprenden ni se controlan. Aparece entonces una experiencia marcada por la espera, el desplazamiento y la sensación de ser errantes, de estar siempre de paso. La vivienda, de este modo, ya no se piensa solo como derecho, sino como una promesa incumplida. ¿Qué significa construir una vida cuando no es posible construir un hogar? ¿Cómo se forma una generación cuando la estabilidad se torna algo excepcional? ¿Qué efectos tiene esta precariedad habitual en los vínculos, en los proyectos compartidos, en la manera de imaginar lo común?
Mesa de debate con Gustavo García Sierra, Pablo Simón y Gabriela Poblet Denti. Moderado por la periodista Ana Herrero.

