Decía Immanuel Kant sobre lo sublime que es aquello que nos conmueve más allá del placer, aquello que nos enfrenta a una magnitud o una fuerza que excede nuestras capacidades, pero que, al mismo tiempo, nos hace conscientes de nuestra pertenencia a algo mayor. La vendimia participa de esa experiencia por su conciencia de dependencia y de legado. En ella, el cuerpo recuerda que no es autosuficiente y que forma parte de una historia más amplia. El vino nace de esa tensión entre lo humano y lo que lo sobrepasa. Se encuentra entre la técnica y el saber, pero también entre la fragilidad y el cuidado. Cada vendimia reactiva una memoria colectiva que no se conserva en archivos, sino en prácticas compartidas. En ese gesto repetido que es el acto de vendimiar, el ser humano se encuentra con fuerzas que no controla del todo: la tierra, el clima o la espera; y, sin embargo, insiste en habitar ese límite. Esta mesa propone reflexionar desde una experiencia cultural y sensible, donde lo sublime se encuentra en la relación con quienes nos precedieron y con la responsabilidad de transmitir su legado.
Mesa de debate con Hector Martínez Cabrera, Ruth Troyano Puig, Amanda de Salas y Luis Miguel Cárcel Cárcel. Moderado por la periodista Almudena Sanz.

