Ramón Margareto fue un hombre de cine. Un artista que disfrutó de todas sus facetas. Realizó críticas de cine y fue redactor jefe de la revista Interfilms. Organizó la Muestra de Cine Internacional de Palencia entre 1992 y 1999; director artístico del Festival de Cine de Aguilar de Campoo en 2012 y estuvo al frente de la Semana de Cine Español de Carabanchel.
Fue guionista, director y productor de sus cortos. Hombre apasionado, realizó y protagonizó documentales sobre su obra y la de otros, como refleja ‘Salamandras y salamandros’, una extensión de la exposición que hoy nos ocupa, en torno a la actividad pictórica de una escuela de pintura.
Se desnudó vitalmente en 2022 con ‘Confesiones de un artista’, desvelando su visión del mundo y sus problemas de salud mental. Pero su vida y su arte, bien como pintor, cineasta o bailarín nunca van separados.
Esa pasión por la danza le lleva a realizar un arriesgado largometraje, ‘Bollywood made in Spain’ en 2016, una película romántica que a su vez es un homenaje al cine indio más popular, promocionando la recién creada Ciudad de la Luz en Alicante.
Y es que Ramón, Moncho para los amigos, sin pretenderlo, pues la modestia es otra virtud que le caracterizaba, fue un pionero. Un adelantado a su tiempo, como atestigua ‘Supermoco’, una parodia del cine de monstruos, tan popular en los años 80.
Con ‘Amor digital’, de 1996, se anticipa a la relación máquina-humanos, con otra historia romántica de la que Spike Jonze en 2013, con ‘Her’, refleja ecos remotos. Un relato que en pleno siglo XXI, amenazado por la Inteligencia Artificial, encuentra nuevos significados.
Sus raíces riosecanas quedan patentes en dos cortometrajes documentales, ‘Clarísimas’ en 2005, mostrando las opiniones sinceras de las monjas de un convento de clausura, hoy en día un documento inédito y de gran valor histórico y etnográfico; y su particular visión –Moncho siempre fue particular- en ‘Dolorosa’, sobre cómo se vive la Semana Santa en Medina de Rioseco, donde hunde sus raíces de origen.
Y qué decir ‘Memorias de un cine de provincias’, con el que consigue el Goya al Mejor cortometraje documental en 2011. Todo un homenaje al cine al que estuvo vinculado, el cine Ortega, negocio familiar pero también lugar de sueños, el de los espectadores que abarrotaban la sala, disfrutando de las películas que cada semana se estrenaban. Películas que marcan su vida, sus anhelos y en el que el cine no es un espacio de mera evasión, sino el lugar idóneo para gozar de la vida, como solo Ramón Margareto supo disfrutar.